Enrique Múgica

by unixzealot

Durante mucho tiempo, Múgica, de suyo locuaz y ameno conversador, enmuedecía si se le mencionaba siquiera de pasada el “tema tabú” del 23-F, o sus relaciones promíscuas con militares y políticos de partidos rivales, o si se pronunciaban seguidas las palabras “Armada”, “almuerzo” y “Lleida”. Sus pupilas negras se encedían como carbones, tragaba saliva y apelando a la amistad, susurraba: “Tengo que administrar mis silencios”.
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De ahí que en el enorme hangar de Campamento, convertido en sala de los juicios por el 23-F, cuando se acercaba la fecha de citar como testigo a Enrique Múgica, el teniente general Federico Gómez de Salazar, que presidía el tribunal, trasladara un mensaje verbal al letrado Ángel López Montero, defensor de Tejero. … “Tengo un mensaje del presidente: si renunciáis a la declaración de Enrique Múgica, esta misma tarde se pone en libertad a los tenientes de la Guardia Civil y en la sentencia saldrán absueltos.” Tejero reunió a sus oficiales y les comunicó la oferta para que respondieran libremente. … Uno tras otro, aquellos tenientes renunciaron al chanchullo. Múgica compareció como testigo. Y en su declaración, para estupor de todos los presentes en la sala de justicia, asumió el papel de “abogado defensor” el propio presidente del Tribunal. A cada pregunta que formulaban los letrados de los acusados, el general Gómez de Salazar se acercaba el micrófono de mesa y liberaba al testigo de responder[.] … Elocuente.

Pilar Urbano, La gran desmemoria, Editorial Planeta, Barcelona 2014. Pàgines 504–505.

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